Rosa María Molló: “En las revoluciones árabes vi lo mejor y peor del ser humano y del periodismo”

Molló / nenani.com

Diego Delgado Rodríguez

“Si me pusiera a escribir un libro solo con lo que he vivido y no he contado, la gente pensaría que es una novela”, afirma Rosa María Molló. Su carrera se ha centrado en el reporterismo, a excepción de un año que fue la directora de una radio comarcal. Ha sido corresponsal de RTVE en Nueva York desde 2001 hasta 2008, en Asia-Pacífico desde 2009 hasta 2010 y en Oriente Medio durante los dos años siguientes.

“El periodismo es mi manera de contribuir y mejorar la sociedad”, aclara Molló. Según ella, los periodistas deben preguntarse constantemente por qué se dedican a ello. Distingue claramente entre los periodistas que hacen política y los que llevan a cabo la profesión. 

En los últimos años decidió tomar un descanso: “Me desmoralicé mucho cubriendo las revoluciones árabes, vi lo mejor y lo peor del ser humano y del periodismo”. Después de la corresponsalía en Oriente Medio se desmoronaron dos de los pilares de su vida: el ser humano y la comunicación.

En la actualidad, se encuentra en Madrid para trabajar en la casa de RTVE. Ella está muy entusiasmada porque le han propuesto -aún no está aprobado- intentar traer la transformación cultural a su empresa. Molló va a tratar de llevar a cabo una comunicación eficiente dentro del organismo público, entre los propios trabajadores y la empresa.

1. Has sido corresponsal en Nueva York, Asia-Pacífico y Oriente Medio. ¿Qué destacarías de tu labor como corresponsal en cada uno de estos destinos?

Nueva York es mi otra ciudad, con la que me siento muy identificada por lo cosmopolita que es. Fue mi primer destino como corresponsal, fue el momento en el que me marqué mi primer reto: demostrar que desde la televisión pública se podía informar con menos rigidez. Me concentré mucho en hacer este tipo de periodismo y creo que lo conseguí. De hecho, algunas personas me han dicho que creé una escuela.

Por otro lado, cuando trabajas en Asia, especialmente cuando tienes la base en China, te tienes que hacer una pregunta: ¿Me instalo aquí y disfruto del destino? ¿O literalmente vengo a informar? Me tocó China después de los Juegos Olímpicos. El periodista en China es un enemigo del Estado, y más si eres un periodista público. No me importa decirlo claramente: los periodistas chinos que tienen desplazados de su televisión pertenecen al Ministerio de Inteligencia. Pero nosotros somos diferentes, somos periodistas europeos, entonces tenemos vigilancia permanente. En estos países, a la gente corriente, por nada les detienen o les pasan a las cárceles negras, que están ocultas dentro de restaurantes, tiendas u hoteles… La gente tiene una imagen de China muy distorsionada. El país está avanzando mucho económicamente, pero no en derechos humanos.

En Oriente Medio tuve la gran suerte de que me tocara una época de revoluciones, muy transformadora, que ha tenido sus vaivenes y que ha dejado un pozo. Fue una batalla y había que ganar la guerra. Egipto fue un experimento y los demás países aprovecharon las circunstancias. Algunos actores participaron más y otros simplemente observaron, como los países europeos. La revolución egipcia estalló después de una reunión de la Liga Árabe. Estaba en Egipto y precisamente le pedí a mis jefes que me quería quedar, porque sucedía algo que no acababa de identificar. Y efectivamente, a los dos o tres días, fuimos los primeros españoles en informar de lo que pasó.  Salí casi llorando en un telediario para pedir que el mundo se tomara en serio lo que estaba pasando. Para un periodista fue maravilloso, porque es brutal informar de este tipo de transformaciones y movimientos sociales que tanto ayudan a conocer la maquinaria mundial.

2. ¿Cómo ves el auge de los periodistas freelance?

Nuestro sector debería tomarse más en serio la figura del freelance. Es clave en este momento de transformación de la industria, y como parte ella se le ha de tratar como una pieza más de la maquinaria y de igual a igual. No hay que tratarlo como a un subgrupo del periodismo, todavía aún más explotado. No es un servidor de nadie, al contrario, es la primera fuente de información.

Yo no habría podido hacer lo que hice en ninguno de los países en los que yo he trabajado, enviada por mi empresa, si no hubiera confiado en el periodista freelance. Este es el que sabe, es al que yo le pedía información, nombres, etc. Después yo también contrastaba los datos con otras personas, fuentes.

Por otro lado, cuando los medios utilizan al periodista freelance, especialmente cuando se encuentran en situaciones de riesgo, deberían ser un poco más responsables, ya que ellos no tienen los medios para poder conseguir un buen chaleco antibalas, pagarse un buen seguro…

3. ¿Cuánto cuesta mantener una corresponsalía abierta?

Esto depende del tipo de medio. Si es un medio escrito, es básicamente el ordenador. Si es una radio se necesita de un punto de emisión. Si es una televisión se necesita de un punto de transmisión y de edición. Depende de lo grande que sea el medio se necesita más o menos espacio en función de las personas que trabajen. También depende de los salarios, seguros, satélites, etc. El coste varía. Las nuevas tecnologías lo han reducido mucho, pero también hay menos corresponsalías porque los medios se nutren de informaciones de las agencias y de los periodistas freelance. En estos dos, los medios han encontrado una oportunidad de negocio.

4. Varias compañeras y tú fuisteis agredidas en El Cairo según contabas en un directo. ¿Consideras suficiente la protección jurídica que tienen los periodistas en los Convenios de Ginebra?

Yo me limité mucho lo que dije para proteger a mi familia. No fue ni la primera ni la agresión más grave que sufrí. Yo me despedí literalmente de la vida en unas tres ocasiones, no solamente en El Cairo, sino en otros lugares. Recuerdo que ese día no conté lo que me había pasado a mí, sabía que hubo varias agresiones y me limité a decir que muchos compañeros habíamos sido agredidos.

Hubo un día que pasé miedo y peligro. Acabé refugiada en una tanqueta y me pude escapar por los pelos de la gente que me estaba apaleando con palos de metal y que me arrastraron desde dentro de un taxi y me robaron todo. Ese día llamé a la televisión para que el resto de los compañeros se pusieran a resguardo. Recibí una llamada del Ministerio para asegurarse de que estuviera bien e hicieron una queja formal.

No estamos lo suficientemente protegidos, pero nosotros queremos estar ahí y entonces lo asumimos. No vemos el peligro. Cuando sucede algo, tú quieres estar allí. Cuando todo el mundo corre en una dirección, tú corres en la contraria, porque nosotros nos debemos a informar. Entonces es algo que asumes sabiendo el peligro que corres. Forma parte de nuestro trabajo. Cuando acabó todo, yo me fui casi cinco años de la profesión.

5. Vicenç San Clemente fue detenido en Cuba mientras entrevistaba a Reinaldo Escobar. ¿Qué opinas de estas situaciones?

Todos los periodistas hemos sido detenidos, multados… Que te pinchen los teléfonos, que te observen… Es algo habitual en países así. Durante la guerra de Irak, nuestra oficina tenía los teléfonos pinchados. Por otro lado, cuando estaba en Estados Unidos, Vicenç se tenía que ir a la azotea, o a sitios en los que supiera que no hubiera ningún micrófono escuchándolo para poder hablar conmigo por teléfono.

En Nueva York, durante la Asamblea de la ONU hay más agentes camuflados en la calle que ciudadanos en la zona acordonada. Hacen lo que literalmente vemos en las películas, el señor que limpia la papelera o el que está sentado en la escalera de una iglesia… Hay muchos visibles y otros invisibles. A mí lo que me ha servido viajar por el mundo es para poner cara, nombres y apellidos a los países, porque ya después nunca más lo tratas de la misma manera.

En China me lo hicieron pasar fatal, fue un destino que no disfrute… Ahora casi me arrepiento. Estaba en un permanente tira y afloja con el régimen. Honestamente me amargaron bastante la vida. Pienso que lo debería haber hecho mejor para haber disfrutado más de la oportunidad, pero ahora estoy valorando más cosas, y ahora me acuerdo de esos señores que por la mañana con el primer rayo de sol sacaban a pasear a sus pájaros, por ejemplo.

6. El caso Couso quedó impune. ¿Qué opinas de la posición de España?

Yo conozco a la familia Couso y ayudé en lo que pude en su momento. Honestamente España no fue valiente para defender los derechos de un periodista suyo que estaba en una situación de una vulnerabilidad evidente, porque era clarísimo que alguien le había disparado. La familia ha pasado por un calvario. España no ha estado a la altura y el poderoso ha ganado, con la mala argucia de que era una guerra. El fuego amigo no justifica nada.

7. ¿Cómo viviste desde Nueva York los atentados del 11M?

Fatal. Yo acostumbraba a dejar mis historias hechas el día anterior para los compañeros del canal 24 Horas y del primer telediario. Pero cuando mi olfato de lo que podía ser noticia para el día después no coincidía, me llamaban a las cinco de la mañana y hacía noticias para el telediario de las 15:00 horas. Sin embargo, por alguna razón, cuando me desperté ese día, pensé: qué raro que no había dejado historia hecha el día anterior y no me habían llamado. Había algo en mí que me inquietaba. Entonces puse la televisión antes de salir de casa… Fue horrible. No podía sacar los ojos de la pantalla. Lo primero que hice fue contactar con mis amigos.

8. En tus corresponsalías viviendo de primera mano algunos conflictos, etc. ¿Has sentido alguna vez mucho cansancio?

Me desmoralicé mucho cubriendo las revoluciones árabes. Vi lo mejor y lo peor del ser humano y del periodismo. Ya llevaba 15 años haciéndolo y en una posición en la que ves los intestinos de la sociedad, desde el poder hasta las cloacas. Entonces te das cuentas que se ensalzan cosas que no se deberían ensalzar y tú sabes lo que hay detrás, la verdad. Pero las revoluciones árabes fueron un momento de inflexión. Es verdad que el periodismo contribuyó, como en todos los conflictos, a que se pudiera dar a conocer lo que estaba sucediendo en estos países. Sin embargo, cuando perdemos el norte y solo vemos la rentabilidad, algo está pasando ahí. Por ello, mis dos pilares, el periodismo y el ser humano, se colapsaron. En ese momento me di cuenta de que tenía que hacer un pequeño cambio.

9. Has vuelto a Madrid a la casa de RTVE. ¿A qué te vas a dedicar?

Aún no está aprobado, pero estoy muy entusiasmada. Lo que estoy intentando hacer no se ha hecho hasta ahora en RTVE. Consiste en intentar que el cambio llegue a los trabajadores. Lo que se conoce como transformación cultural, que es intentar cambiar el lenguaje, las actitudes, las dinámicas desde dentro. Nuestra empresa está en constante transformación, lo está el sector y el mundo en general, pero si tú no dices lo que haces y por qué lo haces al trabajador, ese empleado poco a poco se va desenganchando.

Me han pedido ayudar a contribuir a hacer acciones que ayuden a animar la plantilla y recuperar nuestro prestigio interno y externo. Volver a fortalecer nuestro valor de servicio público. Simplemente consiste en darles una oportunidad de crecimiento. La transformación cultural es una cuestión de mentalidad, los compañeros estamos desanimados. Llevamos muchos años recibiendo críticas muy injustas. Una cosa son los intereses políticos y otra muy distinta es el trabajo. A mí me gustaría crear una especie de coraza para que los trabajadores puedan estar bien, independientemente de lo que pase en el exterior.

10. ¿Cómo se podría arreglar la función pública que ha perdido el periodismo?

Las generaciones futuras tienen que arreglar lo que nosotros hemos estropeado, igual que confío que algún día salga una generación de políticos que arregle lo que hay. Desafortunadamente, las consecuencias de las crisis han afectado en muchos aspectos al periodismo. Pero a mí me gustaría reforzar la idea de que la valentía y dar pasos hacia adelante no depende de la economía, depende de la voluntad y de la valentía individual.

Ahora no hacemos periodismo, sino política. Con la transformación económica e industrial, nuestras empresas han pasado a perder dinero y las audiencias han bajado y la gente se ha descolocado. Antes éramos muy pocos canales y ahora somos muchísimos. Ha descolocado a las empresas, a los jefes, los trabajadores y al público. En este descoloque colectivo, las empresas, los periodistas han perdido el norte, y el norte es saber por qué nos dedicamos a esto. Yo no me dedico a esto para ganar dinero. Yo hago un producto para vender al público. Las empresas que se dedican a esto para ganar dinero, si han dejado de ganar, que cierren o que se inventen otro producto. Pero las noticias, la información es un servicio público que ha de mantenerse honesto y lo más puro posible. El periodismo es un servicio público incluso cuando se trabaja en un medio privado y los derechos de las personas a las que servimos nunca deben ser vulnerados por el hecho de ganar dinero.

11. ¿Has sido feliz siendo periodista?

Sí, yo soy periodista. Esta profesión es vocacional y aunque me pusiera a limpiar suelos ahora, yo seguiría siendo periodista. Porque me levanto mirando lo que nos rodea de una manera diferente. Soñamos hasta de una manera diferente. Tenemos que analizar todos los ángulos, no debemos quedarnos con lo primero que vemos o que nos dicen. Yo soy feliz habiendo elegido esta profesión. No me imagino habiendo elegido otra. Otra cosa es que yo después me haya reconvertido haciendo una cosa u otra. Yo podría hacer mil cosas, porque yo me animo hasta con un chupa chups.

No hay nada mejor que alguien te llame, te abrace y te dé las gracias. Un año mis padres estaban internados en un hospital de Lleida. Entonces yo fui a pasar unos días y ayudar a mi hermana. Era la época en que comenzaban los recortes y los médicos me decían que hiciera algo. Salí a la calle y oí mi nombre. Un señor africano, muy alto y que hablaba en un catalán perfecto, me abrazó, y me dijo: “Tú eres la periodista de los pobres”. Ese abrazo me hizo muy feliz. Sin embargo, antes de esto, el médico me había dicho que hiciera lo que pudiera, les estaban recortando… Tenemos que hacer un periodismo para que llegue a todo el mundo, al ciudadano.

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