Álvaro Tato: “Si la cultura fuera realmente la cuestión de Estado tendríamos un país completamente distinto”

Diego Delgado Rodríguez 

Álvaro Tato es el director literario de la compañía teatral Ron Lalá. Con ella ha creado espectáculos como Cervantina, En un lugar del Quijote, Siglo de Oro, siglo de ahora (Folía), con los cuales ha recibido numerosos éxitos de crítica y reconocimientos como el Premio Max Mejor Espectáculo Musical 2017 por Cervantina, entre otros. En esa misma edición de los Premios Max de las Artes Escénicas, Álvaro Tato, que también participa como actor dentro de la compañía, fue finalista en la categoría de Mejor Actor de Reparto.

No obstante, los reconocimientos que ha obtenido se deben a muchos años de esfuerzo, pues según Tato “todos los artistas tienen que aguantar aproximadamente una década o quince años de meseta”. Y es que han pasado de ser una “compañía del underground a ser una compañía respetada en toda España”. Sin embargo, siempre “intentan reencontrarse con esos chavales que en el patio de un instituto intentaban hacer arte”, recordar a esos niños que se reunían en el patio del IES Ramiro de Maeztu de Madrid para hacer teatro, música y humor.

El humor cítrico y crítico es la fórmula de Ron Lalá. Por ello, acuden a literatos españoles como Cervantes, quien invita a reírse de uno mismo, tal y como hace Álvaro Tato, bromeando con su parecido a Mario Vaquerizo. Cree que el gran humorista, defensor de las etnias y uno de los proto feministas de la literatura española es el autor del Quijote. Sin embargo, a Tato también le provocan gran fascinación otros literatos como Lorca o Valle-Inclán. Y es que este amor por la literatura le viene de lejos, llevándolo incluso a convertirse en licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid.

Su gran pasión por la literatura le ha llevado a ser el encargado de algunas versiones de la Compañía Nacional de Teatro de Clásico, como El perro del Hortelano o La Dama Duende, entre otras. Y aunque él cree que en el extranjero la literatura española se aprecia más que en el propio país, sueña con una España en la que la cultura sea la cuestión de Estado: “No es el turismo, no es el sol, es la cultura”.

1. Para ti son importantes literatos como García Lorca, Miguel Hernández o Cervantes. ¿Cuál crees que es la vigencia que tienen en la actualidad?

Creo que tienen toda la vigencia. Los autores que has citado son clásicos porque nos hablan al hoy, a cada hoy. Y creo que una de las grandes confusiones con respecto a la cultura es en torno a esta actualidad, es la que existe con este tipo de preguntas. Miguel Hernández, Lorca, todos estos poetas del 27 que me fascinan, comparten un sentido de la actualidad en lo más profundo, en hablar al ser humano, de lo que nos importa, de los que nos atañe: de que amamos, morimos, nacemos, duramos muy poco en el mundo, y esas voces son eternas, son actuales siempre. Y por último creo que la en la época actual esas voces no solo son para todas las generaciones y edades, sino que hoy son urgentes.

2. Don Quijote de La Mancha estuvo siempre infravalorado por ser considerado un libro cómico y con poco fondo. Fue con un inglés con quien le llegó el reconocimiento ¿Crees qué se valoran más nuestras creaciones desde fuera que desde la propia nación?

Desde luego. El resultado y la efectividad profunda que provoca en el espectador extranjero no tiene nada que ver con lo que pasa dentro del país. Dentro del país tenemos una gira muy exitosa con nuestros espectáculos tanto con Ron Lalá como con mi trabajo en la Compañía Nacional. Pero puedo asegurar que el plano internacional es… ¡brutal! La emoción que provocan las palabras de Cervantes, las palabras de los clásicos y el resultado que hay con el público… 

Si en nuestro país la cultura fuera realmente la cuestión de Estado, que creo que debería de ser en una de las tres grandes naciones culturales de Europa, creo que en una o dos generaciones tendríamos un país completamente distinto de un nivel no solo cultural sino social completamente diferente.

Hemos visto veinte países con En un lugar del Quijote, con la Cervantina, y en la mayoría de ellos somos recibidos como estrellas en el sentido cultural de la palabra. No es que haya fans en la puerta esperándonos, pero la gente joven acude al teatro, se pega por una entrada. El festival de Guanajuato, el festival internacional cervantino, se considera cuestión de Estado. Reciben a la compañía al pie del avión como si fueras un futbolista o un gran político. Desde ese punto de vista es el país que sueño, una España cultural.

3. ¿Opinas que sigue vivo el valor cómico-humanista de Cervantes o que se intenta silenciar mediante acciones como condenando la sátira en Twitter?

El sentido del humor corre peligro en la sociedad occidental contemporánea. El sentido del humor entendido como la risa como camino al corazón humano. La risa como contrapunto perfecto de la tragedia para entender en toda su dimensión el alma humana. Corre un serio peligro porque la sociedad está aplastada por los grandes poderes económicos. Está tendiendo hacia una planicie mental, y hacia la imposibilidad de ser cómico, es decir, de reírse de uno mismo, de poder hablar y reírse de todo.

O sea, si tú tiras una línea en el humor español, esta empieza con Lope de Rueda, en Cervantes, en los humanistas españoles y llega hasta nuestros días. Esa línea está en peligro porque la proliferación de los medios sociales como estrategia de autocontrol y de autocensura y los poderes fácticos están impidiendo que se pueda hablar de cualquier cosa de una manera libre, lo cual es un terrible síntoma. Es el síntoma de una enfermedad social, que es la falta de crítica. Y por eso la voz de Cervantes era tan urgente rescatarla. Cervantes lo que te dice es que toda opinión merece respeto, que toda opinión merece ser escuchada y que toda persona por el hecho mismo de serlo tiene opinión y tiene el derecho y el deber de lanzarla y de reírse de ella.

4. Con motivo de la celebración del IV centenario de Cervantes vuestra compañía representó algunos fragmentos de La Cervantina en el Congreso de los Diputados y en el Palacio Real. En esa actuación augurasteis que seguramente algunos diputados no habían leído la obra de Cervantes. ¿A quién recomendarías leérselo?

Recomendaría leérselo a todos los que estaban en el Salón de Columnas, teniendo en cuenta las miradas que nos echaban en ese fragmento. Y por no presuponer nada, porque tampoco tengo por qué sentirme más listo ni más culto que ellos, si no lo han leído, leerlo, y si lo leyeron, releerlo, porque creo que nuestra presencia en la Casa Real ante el Jefe de Estado tuvo un sentido muy importante, así como en el Congreso de los Diputados.

Y es que asombrosamente la cultura no entra en los círculos de poder, y cuando entra es por una excepción, en este caso fue por las efemérides del Quijote que nos invitó el Jefe de Estado a su casa a ser los bufones de lo Corte. Lo digo con todo orgullo, porque somos los bufones, lo juglares, los que hacen humor de todo, y en ese caso nos tocaba reírnos de esa sala, de esa gran cantidad de poder concentrado, porque estaba ahí el poder militar, religioso y gubernamental.

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Fuente: telemadrid.es

Pero puedo decir que no hubo ningún tipo de censura por su parte, que todos sonrieron. No digo que se rieran a carcajadas, pero si hubo buenas sensaciones, palabras posibles y creo que de eso se trata, de que se pueda dialogar, de que las Españas se vuelvan a encontrar, que podamos charlar y reírnos juntos.

Por último, creo que debería ser frecuente y sistemática la presencia de artistas dentro del Congreso de los Diputados y de la Casa Real. Éramos los primeros cómicos que entramos en el Congreso de los Diputados, bueno los segundos si tenemos en cuenta a Tejero, que fueron como los teloneros en los ochenta propiciando que hubiera comedia dentro del Congreso de los Diputados. Sin embargo, después fuimos nosotros, y lo digo con mucho orgullo, pero también con mucha esperanza de que las generaciones más jóvenes vean a los grandes artistas en la zona de poder para cuestiones así.

5. El Gobierno ha anunciado la bajada del IVA cultural. ¿Cómo ha afectado el IVA del 21% de los últimos años a Ron Lalá?

A nosotros en realidad no nos ha afectado tanto como a otras compañías de las que he tenido idea, porque la subida del IVA nos encontró en plena subida de prestigio, de fama y tuvimos la gran generosidad de dos personas que han marcado nuestra carrera.

Una de ellas es Boadella, que nos programó Siglo de Oro, siglo de ahora (Folía) en los Teatros del Canal, que en ese momento era director. Fue un cambio de estado realmente de una compañía que venía del “underground” a ser una compañía respetada en toda España.

Y la segunda persona fue Helena Pimenta, directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, que quiso coproducir con nosotros En un lugar del Quijote y luego Cervantina.

Entonces, en ese contexto no nos afectó mucho porque hemos tenido un gran éxito del público en todos estos años. Pero sí sé decir que el sector se ha visto muy afectado por esta brutal y absurda e incomprensible subida de un impuesto que debería jugar a favor de la cultura, y espero que ahora la bajada nos ayude a todos.

De todas formas, estas cosas no solamente tienen importancia en la medida en que suben o bajan, sino en la medida en que son promulgadas. Sé de muchas compañías y teatros que han perdido espectadores, y el estado actual del teatro es muy preocupante. También, hay mucha gente que está haciendo lo posible desde las órbitas del poder porque cambie, pero ha sido muy preocupante, han sido años muy duros.

6. En cuanto a los personajes de la obra de Cervantes. ¿Cuál es la peculiaridad de los mismos?

Lo que une a la gran mayoría de los personajes cervantinos es la autodeterminación. La búsqueda del encuentro de la identidad y la construcción de esa identidad. Eso es lo que hace a Cervantes, uno de los tres grandes artistas de la cultura occidental y posiblemente de la cultura mundial. Porque es el que mejor define, hace cuatro siglos, la construcción del individuo.

Lo que hace que la cultura occidental haya seguido estos derroteros para bien y para mal ha sido la construcción del individuo desde uno mismo, o sea que uno decide quién es. Desde Don Quijote vistiéndose de superhéroe y lanzándose al campo, hasta la Pastora Marcela decidiendo que su belleza no tiene por qué ser objetivizada por los hombres y marchándose al campo para ser libre, pero hasta Sancho Panza que decide abandonar su familia y seguir a un loco, etc. Todos deciden ser quienes quieren ser. Y todos adoptan la voz, y todos hablan. La palabra como identidad de la libertad individual. Eso es una revolución, y es algo de lo que podemos aprender todos.  

7. ¿Consideras que los personajes de la gitanilla o la pastora Marcela son unos personajes proto feministas?

Sí, Cervantes es un proto feminista radical y muy sorprendente. Tiene antecesores, no es el primero, creo que antes está La Celestina, como ejemplo masivo del proto feminismo español. Pero toda esa historia de las brujas que tejen sus hilos, que fundan sus propias opiniones, que proponen un modelo de sociedad diferente y que están tejiendo en la sombra los destinos de la nación sin voz, pero desde luego con una fuerza magnética que procede de la raíz matriarcal española. Esto está muy profundamente presente en los personajes cervantinos: la gitanilla nos propone un modelo de libertad femenina totalmente asombroso, que luego tendrán que pasar siglos para que la sociedad española y los literatos encuentren personajes parecidos.

El gran defensor de todas las etnias, de todas las razas, de todas las minorías es Cervantes, y en particular de la mujer. Es asombroso. Es como si tuviera una bola del mundo en el que pudiera ver que podría ser la libertad del ser humano en el futuro y escribir sobre ello, con ironía y con gracia, pero firmemente a favorito de la libertad individual y de pensamiento y juicio.

8. ¿Y por qué en vuestra compañía no hay ninguna actriz?

Actores y actrices
Fuente: Ron Lalá

Ron Lalá se fundó en un instituto. Éramos todos alumnos del IES Ramiro de Maeztu, teníamos 16 años, no teníamos ni idea de nada. Y éramos un grupo de amigos, y en ese contexto, se formó esta necesidad de hacer algo en escena que uniera la poesía, la palabra poética, con el teatro, con la música en directo… No sabíamos bien que era, y dimos con el nombre de Ron Lalá, precisamente por eso de que era un cóctel extraño. A esto se sumó la figura más importante para nosotros creativa que fue Yayo Cáceres, no solo nuestro director de escena sino nuestro formador, que nos rescató cuando seguíamos siendo totalmente amateur, pero ya habíamos dado muchos pases.

Todo esto lo contaba para decir que ha sido azaroso. No hay ninguna actriz, como podría haber cinco actrices. Y al igual que preguntarías a Les Luthiers por qué sois cinco tíos en escena o a Tricicle por qué sois tres tíos en escena: la respuesta es por nada. Dicho esto, hay un punto y coma; y es que todas las mujeres que hay en Ron Lalá son las que tienen el poder. Desde nuestra distribuidora hasta nuestra jefa de prensa. Las mujeres que tienen el poder en Ron Lalá no están en escena, pero son todo mujeres. Entonces, tenemos una cuota femenina muy desarrollada.

9. ¿Qué les aportó aquellas actuaciones en el Libertad 8?

Todos los artistas pasamos por una meseta. Es un trabajo de los más bonitos que hay en el mundo, pero también de los más duros porque hay que aguantar aproximadamente una década o quince años de meseta: de no hay dinero, no hay luz. Sin embargo, hay esperanza. Nosotros pasamos por toda esa aventura de los cafés teatros, actuábamos en los institutos, las universidades, en la calle, en los hospitales, allá donde nos llamaban, allá donde podíamos ir, íbamos, para cobrar o no cobrar.

Cuando había que pagar nos lo pensábamos, pero siempre cuento la anécdota de que perdimos pasta porque alquilamos una furgoneta por la mañana y al salir le hicimos una abolladura pequeña en una curva. Nos fuimos. Estuvimos catorce horas trabajando, montando y desmontando sonido. Actuando sobre una mesa podrida que era el escenario y unas cajas de Coca Cola en un pueblo de la Mancha. Una función para diez personas, lamentable, ruinosa… Y cuando regresamos al alquiler de furgonetas nos cobraron lo mismo que habíamos ganado en la actuación.

Y ese día nos fuimos a mirar las tortugas del Intercambiador de Atocha. Allí nos quedamos mirándolas sin dinero, después de catorce horas trabajando, sin nada en las manos, con una carrera vacía, con muchas incertidumbres y ninguna esperanza. Nos quedamos mirándolas y dijimos: ¿Seguimos o lo dejamos ahora? Y tengo que decirles a todos los artistas jóvenes que cuando llegue el día de las tortugas no lo dejen. Cualquier otro día si no pueden que lo dejen y que busquen un trabajo razonable, pero el día de las tortugas no, porque ese día dijimos que seguíamos y estamos aquí.

10. ¿Cuál es el proceso creativo que hay detrás de cada adaptación y puesta en escena de Ron Lalá?

En primer lugar, hay un proceso de dramaturgia. Cuando nos acercamos a una obra clásica intentamos leer todo tipo de documentación, no solo de los autores que tratamos, sino de la época, de los usos teatrales y artísticos de todo tipo. Nos dejamos influenciar por las lecturas, las películas, las obras de teatro, todos los estímulos que nos llegue y a partir de ahí dividimos el trabajo.

Por otro lado, yo me ocupo más del texto. Empiezo a proponer escenas, a proponer personajes, estructuras… Yayo de la puesta en escena, los músicos de la música, etc. A partir de esa base hacemos un montón de reuniones, pues como estamos aquí con un café o con una cerveza, en el que hablamos y nos reímos. A veces no nos reímos, pero siempre intentamos proceder desde el sentido del humor, intentar reencontrarnos con esos chavales que en el patio de un instituto intentaban hacer arte.

En una tercera fase todo este trabajo nos lo llevamos a casa. Y luego de un mes o mes y medio nos vamos al local de ensayo y ahí todo cambia. Todo es trabajo. Es chándal. Yayo tiene un sistema de trabajo a lo que él llama, “Depor-teatro”, que consiste en sudar, en jugar, en abolir el entendimiento. Toda la parte intelectual la dejamos en casa y solo traemos sudor y juego. Y desde ese juego deja de existir el gusto personal, solamente se pone en escena lo que funciona para contar la historia que estamos contando.

Somos muy rigurosos, muy neuróticos y muy obsesivos. Trabajamos con metrónomo. Las compañías normalmente hacen una media de cuarenta y cinco ensayos, mientras que nosotros tenemos una media entre sesenta y setenta ensayos. Por la mañana ensayamos, por la tarde producimos, por la noche escribimos y estudiamos. Mañana, tarde y noche, todo el día durante dos-tres meses, que es en la fase en la que me encuentro ahora. Por eso hablo tan raro y miro al vacío, y tengo la cara verde. Salimos de ese túnel meses después con un espectáculo que ya no sabemos si es bueno, si es malo, si está guay o es una mierda. Ese es el proceso absurdo y delirante de Ron Lalá.

11. Vuestra compañía a través del diálogo quiere llegar a un nuevo público de teatro, el más joven. ¿Por qué este público?

¿Qué otro público importa en el fondo? Por supuesto, todo el mundo. A todo el mundo me refiero a toda la gente, y a todo el mundo me refiero a todo el mundo. O sea, si nosotros tuviéramos una noción de la cultura española tal y como los anglosajones la tienen de la suya, entenderíamos que nuestro idioma es el segundo o tercero más hablado del planeta, que nuestras obras y nuestros clásicos están entre lo mejor que ha producido y que ha dado La Tierra artísticamente y que es un derecho y deber de nuestra generación acercarlo a todo el planeta.

En todos los lados, la palabra de Cervantes resuena igual. Por eso, nuestro público es toda la gente, todo el mundo. Y, sobre todo, la gente joven. Porque no hay público más permeable a la realidad del arte. No hay público más parecido a un clásico. Porque están al borde del cielo y del abismo. Porque están deseando morir y a punto de enamorarse. Porque las realidades del amor y de la muerte están totalmente presentes en la gente de dieciocho años. Esa es la gente que queremos captar, hacer libres.

Cuando el público joven viene a vernos, viene a ver al enemigo. Nos odia y nos encanta que nos odie. Vienen los institutos y te odian, pero es maravilloso porque como te odian, el odio está muy cerca del amor, y la gente joven no lo distingue. La gente entra hostil y después salen esperándote para hacerse fotos contigo para colgarlo en Snapchat, porque han vivido un viaje contigo que es el viaje del teatro.

12. ¿Ron Lalá es una marca?

No. Corremos el peligro, todos, en convertirnos en productos de nosotros mismos. El arte tiende a ser una marca. El espectador tiende a ser un cliente. El público tiende a ser un consumidor. Todo lo filtra la sociedad contemporánea a través del dinero. Y como dicen los latinos: “Non serviam”, no me arrodillaré. No seré una marca, no seré un producto, lo siento, pero no seré un producto. Estaré vivo y utilizaré el arte para contar y transmitir las verdades del corazón y eso no se vende. Como dice la copla flamenca, hay tres cosas en el mundo que ni se compra ni vende: la pena, el querer y el duende.

Tato

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